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LAS RECOMPENSAS
Al gran hacedor de joyas ajenas al puro héroe de remotos cristales, a sus manos tan arduas a su voz obcecada: ceniza en la boca.
Al olvidado de sí desde el alba al duro exudar las mil gracias por nada, a su estrella en tinieblas a sus pies en el lodo: ceniza en la boca.
Al sendero que no anuncia esplendores al mudo evitar las quimeras del oro, al sabor no tentado al sabor no gustado
ceniza, eterna ceniza en tu boca.
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